Jun16
La reconciliación no se dicta ni se decreta. Es, por el contrario, un proceso largo y complejo de muchas facetas, pero que sólo será posible afi anzar debidamente con la instauración de un Estado de derecho. La reconciliación a la cual aspiramos es la necesaria y sufi ciente para que todos los cubanos–en la Isla y en el exterior–puedan convivir en paz, es decir, para que exista una democracia cuyas instituciones apoyen la reso-lución pacífica de las diferencias políticas. La reconciliación no se dicta ni se decreta. Es, por el contrario, un proceso largo y complejo de muchas facetas, pero que sólo será posible afi anzar debidamente con la instauración de un Estado de derecho. La reconciliación a la cual aspiramos es la necesaria y sufi ciente para que todos los cubanos–en la Isla y en el exterior–puedan convivir en paz, es decir, para que exista una democracia cuyas instituciones apoyen la reso-lución pacífica de las diferencias políticas. La reconciliación parte del reconocimiento de que la nación cubana es plural y que esa diversidad nutre su patrimonio. Para que todas las voces encuentren cabida en la plaza pública, los cubanos deben aferrarse a una ética ciudadana que los impela a escuchar y dialogar, porque ningún grupo, sector o individuo tiene la exclusiva sobre la razón y, a través del diálogo, las voluntades pueden variar.
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