Part 5: CUBA, SUEÑO O PESADILLA?

Historia de Cuba; por Jeroen Seegers

EL CACIQUE HATUEY
El jefe principal de los indios que estaban resueltos a pelear contra la gente de Velázquez, era un cacique llamado Hatuey. Hatuey había sido jefe de una región de Santo Domingo, llamada Guahabá. Los españoles de dicha isla habían matado a casi toda su gente y el había logrado escapar y refugiarse en Cuba. Hatuey era muy valiente, se expresaba bien y era más
inteligente que la mayoría de los demás indios.

Cuando Hatuey supo que Velázquez venía para Cuba, hizo saber a los indígenas que si las gentes del jefe español, que quedaban en la Isla, matarían a los indios o los harían esclavos; les aconsejó que echaran al mar o a los ríos todo el oro que tuvieran, para que los españoles creyeran que en Cuba no lo había, y, finalmente, los animó a combatir contra los españoles en seguida que estos desembarcasen. Cuando Velázquez tomó tierra en la costa, Hatuey dividió sus indios en pequeños grupos, ordenándoles que atacaran a los españoles por sorpresa, cada vez que pudiesen; que les arrojaran piedras y flechas, molestándolos sin cesar, y que se dispersaran cada vez que la gente de Velázquez intentase pelear con ellos de cerca o cuerpo a cuerpo.

Diego Velázquez conocía bien la manera de pelear de los indios, así es que mientras una parte de su tropa se ocupaba en fundar el primer pueblo (que fue Baracoa), dividió el resto en pequeños grupos, para perseguir sin descanso a la gente de Hatuey. Los españoles usaban corazas y cascos de acero, y escudos o rodelas para defenderse de las flechas y las pedradas de los indios. Además, contaban con armas de fuego, llamadas arcabuces, y con unas flechas mucho mejores que las de los indios, llamadas ballestas.



Monumento a Hatuey en Baracoa, Cuba


Antes de que un indio pudiera acercarse lo necesario a un soldado de Velázquez para dispararle una flecha o tirarle una piedra, el español podía matarlo de un tiro de arcabuz o de ballesta. De nodo que cada vez que se trababa una pelea, los españoles mataban muchos indios, mientras que éstos no podían matar a ningún español.

Lo peor para la gente de Hatuey, era que los españoles tenían muchos perros bravos y feroces, que rastreaban a los indios por el olor. Los indios preparaban emboscadas para sorprender a los españoles en las veredas de los montes pero los perros la descubrían. Cuando la gente de Hatuey se dispersaba, después de un combate, los perros seguían el rastro, daban alcance a los indios y los destrozaban a mordidas con sus agudos colmillos. También guiaban a la gente de Velázquez hasta los refugios más ocultos de los indios en los bosques.

Como quiera que Hatuey era el que más alentaba y dirigía mejor a los indios en la lucha, Velázquez trató de matarlo o de hacerlo prisionero. Al fi n logró esto último, obligando a algunos indios a denunciar donde se hallaba oculto el cacique, al cual sorprendió y apresó junto con varios de sus compañeros.

Hatuey fue condenado por Velázquez a ser quemado vivo, castigo bárbaro que se aplicaba en aquella época a ciertos criminales. El suplicio de Hatuey se efectuó cerca de un lugar llamado Yara. El cacique murió con heroico valor, sin querer hacerse cristiano, por no encontrarse en el cielo, según dijo, con los españoles.

El cacique Hatuey fue un valiente que peleó por su libertad y la de sus hermanos de raza. Su nombre debe recordarse con admiración y respeto. El y sus compañeros fueron vencidos porque los conquistadores disponían de mayores adelantos y estaban más unidos. La fuerza de un país no depende sólo del valor de sus hijos, sino de la civilización que hayan llegado a alcanzar, y de la unión que entre ellos exista.

El siguiente artículo: Velázquez planea la ocupación de toda la isla.


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